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Antonio Lloréns

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A la escultura «Cosmos Escorpia»

KUBRICK ENCADENADO

No es la primera vez, ni será la última, que escribo un texto en torno a la obra de Viktor Ferrando, por más que mis aproximaciones a la escultura no vayan más allá de la mirada del viandante. Sin embargo, de cine sigo ocupándome y Viktor se acerca cada vez más, como en esa obra presentada en el festival de Sitges, titulada Cosmos Escorpia y fundamentalmente vinculada a esa obra maestra que es 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, en su conjunto, y al famoso monolito de dicho film en particular.

Sin embargo, si no conociéramos tan directa referencia y tuviéramos que hablar de las posibles huellas de Kubrick en esta Cosmos Escorpia nos inclinaríamos en primer lugar por Espartaco, y la pared en la que moría descabellado Woody Stroke, en segundo por muchas de las alucinaciones de La naranja mecánica, saltaríamos a la exactitud cronológica de Atraco perfecto y a los paneles de control de misiles y aviones en Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?, sin olvidarnos de los duelos de Barry Lindon, los pasillos y puertas de El resplandor o los lupanares de Eyes wide shut. Y algún colchón de Lolita, alguna esquina de La chaqueta metálica y muchas de las trincheras de Senderos de gloria. Pero si tuviera que decidirme por mi más apasionado inconsciente, apostaría a que Cosmos Escorpia no es sino una de las ventanas de El beso del asesino, aquel extraordinario film que también inspiró al Equipo Crónica, autores casualmente de algunos de los mejores lienzos sobre muros y barbarie que jamás hayan visto mis ojos.

Antonio Llorens
Critico y director de cine

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