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Luisa Maria Lara

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A la escultura “Luna Saturni”

Titán, satélite de Saturno que por sí mismo podría ser un pequeño planeta pero con todos los atributos que lo harían un gran planeta. El satélite tiene un radio de 2575 km, 1000 km menos que Marte (puede parecer mucho, pero a escalas planetarias no lo es) y menos de la mitad que Venus. Sin embargo, sus características, comparadas con las de estos dos planetas lo hacen tremendamente excepcional.

La primera visión de él decepcionó a los científicos ya que sabiendo que tenía una atmósfera de nitrógeno molecular esperaban ver la superficie del satélite a través de ella como ocurre en el caso de la Tierra. La sonda Voyager (NASA) devolvió la imagen de una gran bola naranja. El estudio de los datos proporcionados por esta misión espacial nos permitió saber que ese color naranja se debe a una densa capa de aerosoles producto de la compleja química que entrelaza de forma excepcional los átomos de carbono, nitrógeno, hidrógeno y algunos pocos de oxígeno.

En la primera y segunda década del siglo XXI estamos viviendo con satisfacción como nuestro conocimiento del satélite ha hecho que un mundo anodino naranja sea sustituí do por un mundo muy activo química y atmosféricamente. Desde el punto de vista químico se forman moléculas que en el caso de la Tierra son fundamentales para dar lugar a la vida… ¿será lo mismo en el caso de Titán?

Atmosféricamente, si sobre la superficie del satélite miráramos al cielo anaranjado, veríamos nubes que presagian tormenta, o nubes altas sopladas por el viento y hasta nos podría llover lentamente grandes gotas de etano y granizarnos acetileno. Esa lluvia, a lo largo de una estación (porque Titán tiene sus 4 estaciones como la Tierra) ha formado lagos grandes y pequeños interconectados entre sí. Es sin lugar a dudas la superficie la que nos está dando más sorpresas; se han identificado cordilleras de no más de 2000 m de altura, deltas de ríos, estructuras que se asemejan a calderas de (crio) volcanes, acantilados, costas abruptas, cantos rodados en lechos de ríos de etano actualmente secos pero que alguna vez llevaron líquido y seguramente volverán a llevar.

En esencia, Titán es atractivo e innovador para los estándares de conocimiento planetario que la Humanidad tenía. Así es la obra de Viktor Ferrando, innovadora y atractiva comparada con los estándares de macro escultura que había. De esta obra anaranjada que es Luna Saturni sorprende sobremanera las inserciones acristaladas que nos hacen imaginar los grandes lagos que se han encontrado en los polos del satélite, mientras que las “agujas” centrales nos conectan con la orografía del ecuador y de las latitudes bajas. Esas puntas son las cumbres que cualquier amante al montañismo le gustaría alcanzar en Titán…

Viktor nos lo permite en su obra Luna Saturni, gracias Viktor.

Luisa M. Lara
Investigador Científico del CSIC y escritora del libro” Titán”

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