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Rafael Rodrigo

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A la escultura “Agressive xpansion”

Cuando observamos el maravilloso cielo nocturno, no podemos ver a simple vista algunos de los planetas de nuestro Sistema Solar, incluido Neptuno. Tan vecino a nosotros y, sin embargo tan desconocido. Casi todo lo que conocemos de él, de sus satélites y de sus anillos, se lo debemos a la nave Voyager 2 que lo visitó en agosto de 1989 sobrevolando, a tan sólo 5.000 km, el tope de sus nubes. Neptuno es el cuarto planeta en tamaño y el tercero en masa del Sistema Solar. Con un radio unas 3,88 veces el de la Tierra, posee una masa 17 veces la de nuestro planeta. Su día tiene una duración de 16h y 6,7 min, y su órbita se encuentra a una distancia media de unos 4.500 millones de km (unas 30 veces la distancia media de la Tierra al Sol), completándola cada 165 años terrestres. Ahora sabemos que Neptuno posee 13 lunas, 6 de las cuales fueron descubiertas por la nave Voyager 2. También posee un tenue sistema de anillos que se creía fragmentado, por lo que se conocían más como arcos, y que ya había sido detectado en la década de los 60, pero que fueron confirmados por la nave Voyager 2. Como los planetas gigantes, Júpiter y Saturno, su atmósfera tiene como compuestos mayoritarios al hidrógeno y al helio, pero existen también trazas importantes de hidrocarburos (como etano) y posiblemente nitrógeno, conteniendo además una alta proporción de hielos de agua, amoniaco, metano e hidrosulfuro de amonio. De ahí, que junto con Urano, se distinga a este planeta con el nombre de gigante helado, en contraposición al de gigante gaseoso, aplicable a Júpiter y Saturno. La atmósfera de Neptuno es, de hecho, uno de los lugares más fríos del sistema solar, con temperaturas próximas a los -220oC en el tope de sus nubes. Sin embargo, en el centro del planeta la temperatura puede alcanzar los 5.000oC. La atmósfera de Neptuno se extiende a grandes profundidades, y gradualmente se funde en otros hielos y rocas más pesados hasta un núcleo sólido con un tamaño como el de la Tierra. A pesar de que sólo recibe un tres por mil de la luz solar que recibe la Tierra, es un planeta con una extraordinaria dinámica atmosférica, azotado por vientos supersónicos y mostrando nubes brillantes y grandes manchas. La mayor de las observadas por Voyager 2 recibió el nombre de Gran Mancha Oscura (GMO), que con un tamaño similar al de la Tierra tenía un patrón típico de un descomunal anticiclón. En este caso, los vientos dominantes llegan hasta los 2.000 km/h con una dirección predominante hacia el oeste, en dirección opuesta al movimiento de rotación. Las imágenes más recientes de Neptuno tomadas por el Hubble Space Telescope no muestran ya la GMO, pero dan cuenta de la aparición y desvanecimiento de otras dos GMO en este siglo.

Con respecto al sistema de anillos, Voyager 2 mostró que éstos estaban completos, pero que el material que los compone es tan fino que son extremadamente difusos en algunas de sus partes por lo que solo se veían como “arcos de anillos” desde la Tierra. No obstante, sí que existen diferencias notables en algunas de sus partes que hacen que no sean uniformes, sino con material más confinado en alguna de sus regiones. La única interpretación posible para este confinamiento es que sea debido a la acción gravitacional del satélite Galatea, justo en el interior del anillo. Estos anillos son relativamente más jóvenes y parecen tener un corto periodo de vida (astronómicamente hablando).

Pues bien, cuando observé por primera vez la escultura de Viktor llamada Aggressive Xpansion acudió a mi mente una interpretación del planeta en el que se inspiró el autor para su creación, Neptuno. Un gigante helado azul y majestuoso que surca nuestro cielo de manera silenciosa y cadenciosa, que mantiene todavía muchos secretos por descubrir y que nos invita a descubrirlos. Así es la obra de Viktor, enigmática a la vez que sencilla, pero sobretodo incitando al que la contempla a viajar más allá de lo que conocemos.

Rafael Rodrigo
Profesor de Investigación del CSIC. Centro de Astrobiología
Director Ejecutivo, International Space Science Institute, Bern, Switzerland

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