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Adriano Campo Bagatin

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A la escultura “Mars trojan asteroids”

Cuando Giuseppe Lodovico Lagrangia, más conocido como Lagrange, hace dos siglos previó la existencia de puntos de equilibrio estable en el problema de 3 cuerpos reducido, quizás solo soñara que un día se descubrirían poblaciones de asteroides librando en torno a esos puntos correspondientes a casi todos los planetas de nuestro sistema solar. Júpiter tiene una población importante de tales cuerpos, pero también Saturno y Neptuno tienen trojanos, y hasta de Urano se acaba de conocer el primer objeto en esa situación dinámica. A este lado de la frontera entre planetas gaseosos y rocosos, representada por el cinturón de asteroides, incluso la Tierra y Marte tienen sus trojanos, agrupados establemente en esas zona del espacio que sólo existen cuando nos encontramos girando con cada planeta en torno al Sol.El pequeño Marte, representado por la tradición greco-romana como Dios de la Guerra, a pesar de ser el planeta más pequeño y con menos masa del sistema solar -con la excepción de Mercurio- nos sorprende con su cohorte de un puñado de trojanos. Curiosamente, junto con los trojanos de la Tierra, quizás sean los únicos que puedan tener composición ferrosa, tal y como los sueña y realiza Viktor Ferrando, en sus imponentes estructuras metálicas de 800 kg cada una.Y quizás estén desorientados, en esa actitud inquietante que la obra refleja, intentando entender su lugar en el espacio, o quizás orgullosos de ser especiales, de nunca correr el riesgo de acabar destrozándose en la superficie de Marte, su Señor, que les obliga a permanecer vigilantes, a debida distancia, a cambio de asegurar su perpetuidad.Sólo tienen que vigilarse entre ellos, ya que la única muerte les puede venir de sus mutuas desavenencias dinámicas, que terminarían en enfrentamientos catastróficos en forma de colisiones a miles de kilómetros por hora. Quizás se den cuenta de que eso es lo que ha ocurrido en el pasado con sus congéneres y por esa razón sólo queden ellos, los ganadores, o los herederos, condenados a esquivarse, mientras puedan.

Adriano Campo Bagatin
Departamento de Fisica, Ingenieria de Sistemas y Teoria de la Senyal
Instituto Universitario de Fisica Aplicada a las Ciencias y a la Tecnologia.
Escuela Politécnica Superior – Universidad de Alicante

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